Piqué: Las nociones de simpatía y de valor en paralelo. El problema de la sociedad pequeña y la sociedad universal en Adam Smith



Introducción

Con la mirada puesta en la obra completa de Adam Smith, diversos autores versados en historia del pensamiento económico le han asignado a la Economía Política smithiana la cualidad de ser sólo una parte de un sistema de conocimientos de mayor generalidad y alcance perseguido por el autor. Así, se ha señalado que la Economía Política smithiana se ubicaba dentro de un gran esquema de Filosofía Moral (Alvey, 1999: 56), que era sólo una parte de un sistema filosófico comprehensivo centrado en la naturaleza de la acción humana en general (Haakonssen, 2006: 1), que constituía un engranaje de una investigación más amplia sobre el hombre y la sociedad (entendidas a la Francis Hutcheson como un objeto de estudio unificado) (Roncaglia, 2006: 126) o que formaba parte, junto a La Teoría de los Sentimientos Morales, de un todo sistemático (Schumpeter, 1954).

Según Griswold (1999: 32), Klaver (2003: 6) y Wennerlind (2007: 46), la Economía Política smithiana estaba subordinada a la Jurisprudencia, lo que significaba que el estudio de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones era un subconjunto de una empresa mayor que tenía como propósito el estudio del gobierno, la ley y la justicia natural. Esto significaba la concepción de una teoría económica imbricada en cuestiones de moral y de virtud, ambas contempladas por los autores dentro del dominio de lo racional y lo científico. Un razonamiento semejante se encuentra en Werhane (2006), quien sostuvo que para Smith la Economía Política gozaría de "buen funcionamiento" (well-functioning Political Economy) siempre y cuando la ética (como prudencia y cuidado personal), la economía (el logro del bienestar económico para cada ciudadano) y la política (protección de los derechos y justicia conmutativa por parte de las leyes y los guardianes del sistema) estuvieran interrelacionadas y fueran inseparables y necesarias.

Skinner (2012: 170) alertó que la Economía Política para Smith debía comprenderse en el antiguo sentido del término, como una rama de la ciencia del gobernante o del legislador, en tanto para el autor escocés era deber de los filósofos "el desarrollo de activas actitudes públicas del legislador". Haakonssen (1989) sentenció que La Riqueza de las Naciones brindaba un fundamento científico para guiar la conducta de los legisladores. Ese propósito no podía lograrse solamente ateniéndose a razonamientos unilateralmente económicos en el sentido convencional del término. Sakamoto y Tanaka (2005: 134) ubicaron a la Economía Política como una vía para cultivar la prudencia de los legisladores en el escenario de la ilustración dieciochesca (de ese propósito nace, en efecto, la palabra jurisprudencia: del vocablo latino jurisprudentia. Iuris: derecho y prudentia: sabiduría, previsión). A juicio del autor, tanto Smith, como Hume y Lord Kames se valían de su actividad científica como medio para la construcción de una sociedad libre y civilizada que incrementara la riqueza de las naciones a partir de la expansión del comercio, así como de la formación de sujetos independientes libres de las relaciones feudales y las ilusiones religiosas (un argumento semejante puede encontrarse en Simon (2013: 393) y Rothschild (2001: 2)).

En el contexto de la pregunta acerca del rol de la Economía Política en el proyecto filosófico de Adam Smith, el presente trabajo tiene como objeto desarrollar los puntos de contacto existentes entre el desarrollo de la noción de simpatía en La Teoría de los Sentimientos Morales y el de la noción de valor en La Riqueza de las Naciones. La tesis que pretendemos mostrar en el trabajo reza que, en cada una de sus dos obras (La Teoría de los Sentimientos Morales y La Riqueza de las Naciones), Smith elige a la noción de simpatía y a la noción de valor como principios fundamentales para la armonía de la conducta social y del sistema de intercambio mercantil, respectivamente. Pero, en ambos casos, esos principios rigen solamente en sociedades pequeñas y no en la sociedad de carácter universal que asomaba ya en la época smithiana, donde el individuo moderno ya no tiene lazos de afecto con todos los miembros de la sociedad y, asimismo, desconoce los esfuerzos necesarios para producir todas las mercancías necesarias para su vida cotidiana.

De ese modo, las limitaciones de la simpatía en una sociedad pequeña lo conducirán a encontrar en la Ética y en la Jurisprudencia a las dos "partes más útiles" de la Filosofía Moral. Como parte de su estudio sobre la Jurisprudencia desembocaría, en La Riqueza de las Naciones, en la Economía Política. De la Ética se ocuparía en la última edición de La Teoría de los Sentimientos Morales de 1790. Las limitaciones de la noción de valor en una sociedad pequeña, por su parte, lo conducirán a abandonar ese principio de que los intercambios están gobernados por los esfuerzos de trabajo y optar por los costos de producción como fuente de determinación de los precios.

Nuestro trabajo asumirá metodológicamente, como lo hace Griswold (1999: 26-29), el "principio de caridad" ("principle of charity"). Este principio supone explícitamente que el autor de una obra (en este caso Smith) sabía lo que estaba haciendo y que escribió exactamente lo que quiso decir en ella. Toma a la obra como un esfuerzo deliberado y autoconsciente del autor de establecer la verdad sobre el tema que se propuso tratar. Supone a su vez la prevalencia de un "intento autorial" ("authorial intent") que establece que los textos son un producto de diseño unificado, que son coherentes y poseen un significado articulado a menos que se demuestre lo contrario.

El trabajo contendrá dos apartados principales. En el primero se expondrá la misión inicialmente asignada a la noción de simpatía en La Teoría de los Sentimientos Morales, de qué manera Smith justifica que este principio es capaz de ordenar la conducta social y cómo el propio autor advierte que la simpatía, en el contexto de una sociedad ecuménica de extraños, no es fuente de cohesión sino de discordia. En el segundo apartado se expondrá la misión que Smith le encomienda a la noción de valor en La Riqueza de las Naciones, de qué manera esa noción es capaz de explicar el modo en que se rigen los intercambios en una sociedad pequeña y en qué sentido el propio autor advierte que esa noción no puede dar cuenta de los intercambios mercantiles en una sociedad ecuménica. En el tercer apartado, estudiaremos la parte completamente nueva (la parte VI) referida al carácter de la virtud, que es el objeto de la Ética, que Smith agregara en la edición de 1790 de La Teoría de los Sentimientos Morales. Allí mostraremos cómo el autor, como parte de los problemas que reveló acarreaba una sociedad ecuménica sin lazos de afecto recíprocos, desemboca en una ética restringida al Estado nacional. Sobre el final, se señalarán los resultados principales del trabajo.

2. La noción de simpatía como principio fundamental de la armonía social

La simpatía ha sido entendida como la piedra basal de la filosofía moral smithiana por numerosos estudiosos de su obra, especialmente por aquellos que quisieron resaltar el esfuerzo del autor escocés de elaborar un sistema de conocimientos del mundo moral a la usanza del sistema newtoniano para el mundo físico. Así, se definió a la simpatía como "una fuerza invisible que hace las veces de la ley de la gravedad en el mundo moral" (Perdices de Blas, 2008: 108-109), como "la fuerza gravitacional de la cohesión social y el balance social" (Raphael, 1979: 88), o como "un simple principio conector que, junto con sus articulaciones, le permitió a Smith jactarse de haber construido el sistema moral más comprehensivo hasta entonces" (Megill, 1975: 87-88). De estas citas extraemos dos nociones. En primer lugar, la noción de "sistema" como medio científico y filosófico para comprender de manera coherente y completa el mundo moral. En segundo lugar, la noción de simpatía entendida como principio articulador de aquel proyecto de sistema de Filosofía Moral coherente y comprehensivo.

La Teoría de los Sentimientos Morales no contiene ningún prólogo o párrafo introductorio en el que se presente o exponga el propósito de la obra. Para "encontrar" una definición de la Filosofía Moral, hay que trasladarse recién a la Parte VII de ese libro o bien bucear en un apartado del Libro V de La Riqueza de las Naciones, referido a las instituciones de educación para la juventud. Allí el autor define a la Filosofía Moral como la ciencia que investiga los principios conectores que organizan las reglas y máximas de la conducta humana y emparenta su actividad articuladora a la realizada en los sistemas de filosofía natural (Smith, 1976: 768-769).

The maxims of common life were arranged in some methodical order, and connected together by a few common principles, in the same manner as they had attempted to arrange and connect the phenomena of nature. The science which pretends to investigate and explain those connecting principles is what is properly called moral philosophy Smith (1976: 769).

Pero como indicáramos anteriormente, en La Teoría de los Sentimientos Morales aquel propósito no está explícito en el comienzo. Tras el título del libro y el índice de contenidos, y sin mayores aclaraciones, "se sube el telón y comienza la función" (Griswold, 1999: 44). El párrafo inaugural de la obra (del primer capítulo de la primera Sección de la Parte I1) comienza presentando al lector una primera noción de simpatía. Esta presentación no se vale de la mención a autores previos que hayan trabajado sobre el mismo campo conceptual (aunque en el libro VII Smith esboce las razones que lo condujeron a jactarse de haber producido el sistema de filosofía moral más completo de su tiempo (Smith, 2002: 313-314)) sino de la descripción de una experiencia de la vida común que vivencia cotidianamente todo hombre individual sin importar su condición (bien sea un hombre virtuoso y humanitario o un grandísimo rufián y violador reincidente de las leyes de la sociedad): la inclinación a interesarse e identificarse con las suerte de los demás, a ponerse en su lugar y acompañarlos en el sentimiento. En definitiva, el deseo de simpatizar.

How selfish soever man may be supposed, there are evidently some principles in his nature, which interest him in the fortune of others, and render their happiness necessary to him, though he derives nothing from it except the pleasure of seeing it...The greatest ruffian, the most hardened violator of the laws of society, is not altogether without it (Smith, 2002: 11).

Sympathy...may now... be made use of to denote our fellow-feeling with any passion whatever (Smith, 2002: 14).

¿Puede un principio de la vida práctica, como el que Smith retrata mediante la noción de simpatía, articular una explicación general (sistemática y laica2) sobre el proceso de conformación de las reglas y máximas que ordenan la conducta social, es decir, realizar el propósito de la Filosofía Moral que se extrae de otros escritos del autor? ¿Cómo un sentimiento que presuntamente vivencia un hombre individual puede ser el artífice de la armonía de la conducta social? ¿Cuál es, reexpresando el título de la obra, el proceso por el que los sentimientos devienen morales?

La primera instancia de este proceso es la actividad de identificación de un hombre individual con los sentimientos de los demás hombres. ¿De qué manera el hombre se pone en el lugar de otro y simpatiza con él? Mediante la capacidad del hombre (como espectador) de imaginarse a sí mismo en la situación de este último (el actor), de concebir cuáles serían los sentimientos y las sensaciones que experimentaría de estar en aquella situación. Merced a esta capacidad es que puede explicarse que un hombre se encoja, sufra y emita un alarido cuando observa que otro hombre recibe un puñetazo, o sonría y llore de emoción cuando el héroe protagonista de la novela que se encuentra leyendo salva inesperadamente su vida.

By the imagination we place ourselves in his situation, we conceive ourselves enduring all the same torments, we enter as it were into his body, and become in some measure the same person with him, and thence form some idea of his sensations, and even feel something which, though weaker in degree, is not altogether unlike them (Smith, 2002: 12).

Lo cierto es que no todas las pasiones producirán un efecto simpático casi instantáneo como el mencionado en los ejemplos anteriores. Si bien el acto de sonreir cuando observamos a otro haciéndolo o de apesadumbramos cuando oímos un llanto es casi inmediato, no sabemos cómo reaccionar cuando, por ejemplo, asistimos a la furia desatada de un hombre contra otro a quien ha ungido como enemigo sin conocer nosotros los motivos de tal cólera. En ese caso (así como en otros semejantes y variados), debemos averiguar cuáles fueron las circunstancias que motivaron esa pasión para estar en condiciones de imaginarnos en su situación y simpatizar o no con él.

Sympathy, therefore, does not arise so much from the view of the passion, as from that of the situation which excites it (Smith, 2002: 14-15).

2.1. La noción de simpatía como fundamento de aprobación de la conducta

La simpatía no es un sentimiento unidireccional. Es decir, el hombre individual no sólo tiene un deseo de simpatizar sino un deseo de obtener simpatía, de que otros simpaticen con él. Toda vez que actúa (desempeña el papel de actor), nada le agrada más que el espectador simpatice con él, y toda vez que observa una acción (desempeña el papel de espectador), nada le agrada más que poder simpatizar con quien actúa. Existe un deseo de ser acompañado en sus sentimientos y sus acciones y un deseo de acompañar e identificarse con los sentimientos y las acciones de otros.

Pero la simpatía no sólo provoca en actores y espectadores una sensación agradable (propia del hecho de sentirse en compañía) sino que al mismo tiempo se convierte en una guía para juzgar la conducta propia y de los otros. Toda vez que el espectador experimente las mismas emociones que el actor al imaginarse en su situación y se identifique con estas, juzgará "correcta" su postura. Las emociones del actor serán a su juicio "justas y apropiadas". Simpatizar con él significa aprobar sus pasiones. El deseo de simpatizar es entonces un deseo de aprobar y el deseo de obtener simpatía es un deseo de ser aprobado.

To approve of the passions of another, therefore, as suitable to their objects, is the same thing as to observe that we entirely sympathize with them; and not to approve of them as such, is the same thing as to observe that we do not entirely sympathize with them (Smith, 2002: 23).

Producto de estos deseos, el actor moderará y adecuará sus pasiones en aras de conseguir la aprobación del espectador y este último moderará y adecuará las pasiones despertadas al ponerse en el lugar del actor con el fin de lograr simpatizar con él. En ese juego de moderación mutua de las pasiones sobre la base del deseo de simpatizar y de obtener simpatía estriba el sentido de la corrección, título y objeto de la Parte I de La Teoría de los Sentimientos Morales y, en definitiva, sentido que apunta a la armonía gravitacional de los sentimientos y conductas entre las personas (vgr. Smith, 2002: 26-27).

2.2. El carácter social de la noción de simpatía. Paradojas de su impacto en una sociedad pequeña y en una sociedad ecuménica

Si bien la imaginación individual es la actividad por la que el hombre logra ponerse en la situación de un otro, su capacidad de identificarse con su suerte, es decir, de simpatizar y, por tanto, de aprobar sus sentimientos y conductas no es una decisión aisladamente individual. Es sí la decisión de un individuo que ha formado su juicio moral en el marco de una cultura social (Griswold (1998: 105); Rodríguez Braun en Smith (2004: 14); Clark (1990: 834)).

Pues desde su más tierna infancia, su entorno social le provee al hombre individual un espejo para que forme sus primerísimas nociones sobre la (in)corrección o el (mérito) de los distintos sentimientos y conductas, sobre la belleza o la fealdad, lo justo e injusto, lo meritorio y lo reprensible. "Our continual observations upon the conduct of others, insensibly lead us to form to ourselves certain general rules concerning what is fit and proper either to be done or to be avoided" (Smith, 2002: 184).

Mediante la continua observación de los juicios que los otros hacen sobre él mismo, el hombre progresivamente aprende a juzgarse a sí mismo imaginando cómo lo juzgarían estos. Logra, mediante su imaginación, desdoblarse en dos personas: en un yo que sería él mismo en condición de agente y en un yo que sería un espectador recto e imparcial, aquel juzgaría su conducta con los ojos de lo que, a juzgar por lo aprendido al vivir en sociedad, deberían ser las conductas y sentimientos socialmente correctos, debidos, meritorios, justos.

We endeavour to examine our own conduct as we imagine any other fair and impartial spectator would examine it. If, upon placing ourselves in his situation, we thoroughly enter into all the passions and motives which influenced it, we approve of it, by sympathy with the approbation of this supposed equitable judge. If otherwise, we enter into his disapprobation, and condemn it (Smith, 2002: 127-128).

Como señala Smith en el capítulo III de la Parte III (Smith, 2002: 157), el hábito y la experiencia han entrenado al hombre para realizar tal desdoblamiento de forma tan sencilla e instantánea que difícilmente repare en que es un resultado socialmente mediado.3 Pero lo cierto es que, el deseo del hombre no sólo de ser aprobado sino de ser lo que debería ser aprobado logrará que corrija sus sentimientos y conductas siguiendo los dictados del imaginado equitativo e ilustre juez y árbitro de la conducta: el espectador imparcial. Aquí se completaría una primera noción acerca de cómo es posible que un principio de la experiencia de un hombre común, como es la simpatía, al ligarse conceptualmente con otras nociones conexas (como la de corrección de la conducta, imaginación, identificación, aprobación, espectador imparcial), brinde una explicación articulada del proceso de cohesión de la conducta social.

La noción de simpatía, que Smith ensaya como disposición de la vida práctica y a la vez principio articulador de la armonía social, tiene en La Teoría de los Sentimientos Morales un carácter paradojal: así como se constituye como la fuente de identificación recíproca entre individuos que se formaron en una cultura común, se erige en una fuente de discordia recíproca entre individuos que han formado sus sentimientos morales en culturas distintas.

if you have either no fellow-feeling for the misfortunes I have met with, or none that bears any proportion to the grief which distracts me; or if you have either no indignation at the injuries I have suffered, or none that bears any proportion to the resentment which transports me, we can no longer converse upon these subjects. We become intolerable to one another. I can neither support your company, nor you mine (Smith, 2002: 26).

Smith emparenta a aquella "cultura común", en donde se gesta ese proceso de identificación recíproca y armónica corrección de la conducta, a sociedades pequeñas, es decir aquellas en las que sus miembros cultivan relaciones de afecto y conocimiento mutuo. El ejemplo empírico del que se vale es el de la familia moderna e, incluso, el de "países de pastores" como manera de aludir a culturas pequeñas que viven en comunidad de cuidado y afecto recíproco (Smith, 2002: 257-258).

Pero la sociedad comercial no es reducible a una familia moderna o a una comunidad de pastores. Es en aquel tiempo una novísima amalgama de culturas locales distintas que el comercio ha reunido definitiva e inexorablemente por vez primera. La noción de simpatía, que cumplía la misión de ser un principio de la vida práctica universal (que experimenta todo hombre individual), al lograr componer un sentimiento de identificación únicamente local (que rivaliza con otros sentimientos de identificación igualmente locales), ¿puede seguir constituyéndose como el principio gravitacional de la armonía social en una sociedad comercial que ha roto el cascarón particular?4 ¿Cuál puede ser, si no, el fundamento de la cohesión de la sociedad comercial?

El autor brinda una primera respuesta a esta pregunta (que su propia obra suscita) desde la primera edición de La Teoría de los Sentimientos Morales: una sociedad en la que, entre sus distintos miembros, no haya amor ni afecto recíprocos, podrá sostenerse y no ser disuelta "a través de un intercambio mercenario de buenos oficios de acuerdo con una evaluación consensuada". La clave de tal sostenimiento radicará en la celosa y estricta prevalencia de la virtud de la justicia. Pues de no prevalecer la justicia, alerta el autor con impactante y elocuente vehemencia en distintos pasajes de la obra, "la destrucción de la sociedad será completa" (Smith, 2002: 101), "el inmenso tejido de la sociedad humana será pulverizado en átomos" (Smith, 2002: 101), "la sociedad civil se convertiría en un caos de baño y sangre" (Smith, 2002: 402-403).

Society may subsist among different men, as among different merchants, from a sense of its utility, without any mutual love or affection; and though no man in it should owe any obligation, or be bound in gratitude to any other, it may still be upheld by a mercenary exchange of good offices according to an agreed valuation.

Society may subsist, though not in the most comfortable state, without beneficence; but the prevalence of injustice must utterly destroy it (Smith, 2002: 100-101).

Esta circunstancia en la que desemboca Adam Smith mediante el cultivo teórico de la noción de simpatía lo conduce a explorar dos campos conceptuales: la Jurisprudencia y la Ética, que serán a juicio de Smith las dos partes útiles de la Filosofía Moral, es decir aquellas que colaboren a concebir las reglas prácticas de la moralidad.5 Cada una de ellas colaborará a responder, respectivamente, estas dos preguntas: ¿Sobre qué principios debe fundarse una teoría de la justicia? Y, en segundo lugar, ¿cuáles principios virtuosos deben cultivarse en esta novísima sociedad para que sus miembros cultiven sus sentimientos y conductas de modo de convivir de manera civilizadamente moderna? De cada una de esos campos conceptuales ensaya una definición en La Teoría de los Sentimientos Morales. La Jurisprudencia la define como la ciencia que trata de los principios sobre los que se basan o deben basarse las reglas que constituyen el derecho civil y penal de cada Estado (Smith, 2002: 255-256). La Ética la define como la ciencia que presenta agradables y animados retratos de forma de ser que logran inflamar el amor natural a la virtud e incrementar el aborrecimiento al vicio; que contribuyen a corregir y definir los sentimientos naturales con respecto a la corrección de la conducta y a lograr un proceder más justo (Smith, 2002: 388-399).

La formulación de una teoría coherente sobre la Jurisprudencia constituirá ese "proyecto largamente acariciado" que Smith reclamó insatisfecho al final de su vida y que tiene a La Riqueza de las Naciones como la única parte de este proyecto que el autor consideró digno de publicación. La formulación de una teoría coherente de la Ética, por su parte, se condensa en la Parte VI de La Teoría de los Sentimientos Morales que Smith agregara en la última edición de 1790, es decir, once año más tarde de la primera publicación de La Riqueza de las Naciones. Abordaremos esa inclusión en el apartado 4.

3. La noción de valor como principio articulador del intercambio mercantil

Al investigar el proyecto de Economía Política de Adam Smith, concibiéndolo como un aspecto de su empresa de investigación filosófica y, por lo tanto, como un proyecto que no se circunscribe a los contornos de La Riqueza de las Naciones (lo que significaría dar por sentada la irrelevancia de su obra previa), podemos ofrecer argumentos para exponer el novedoso campo conceptual en el que el autor se propuso incursionar en su segunda obra así como en qué campo más general de conocimientos se inscribía.

La "Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones", a diferencia de La Teoría de los Sentimientos Morales, es una obra que no lleva por título el nombre de la ciencia a la que posteriormente, de manera habitual, se la ligaría (es decir, de la Economía Política). Tampoco contiene en su título la palabra "teoría" (ni, incluso más, el definitivamente consagratorio sintagma "La Teoría") sino el rótulo que alude a un estadio filosófico más incipiente como el de "Investigación" (Megill, 1975: 90). Inclusive, a contramano que en La Teoría de los Sentimientos Morales, donde Smith eludió en todas sus ediciones la inclusión de una nota introductoria o semejante, La Riqueza de las Naciones contiene una parte iniciática titulada "Introducción y Plan de Obra".

No es de extrañar entonces que el propio Smith no se adjudique a sí mismo el mote de "fundador de la Economía Política". De hecho, escribe una definición del término Economía Política recién en el libro IV de su obra, titulado "De los sistemas de Economía Política" (Smith, 1976: 428). Walras objeta esta definición pues juzga que una ciencia "no se define por sus aplicaciones" (Walras, 1874: 4-6). Pero lo cierto es que Smith estampa esa definición como prolegómeno a la exposición y presentación de las doctrinas mercantilista y fisiocrática, es decir a doctrinas que, posteriormente, al ser sentenciadas como "presmithianas" y al ser considerado Adam Smith como el padre fundador de la Economía Política, serían tildadas de "pretientíficas". Salvo por el detalle de considerarla como una "rama de la jurisprudencia" (al que nos dedicaremos luego), la noción de Economía Política, empleada por Smith para aludir a la misión de brindarle un conjunto de recomendaciones al soberano en torno a cómo administrar los recursos generados al interior de la nación era de uso común. De hecho, era el leitmotif de gran parte del espectro de los autores de cuño mercantilista y fisiocrático que Smith agrupa bajo los rótulos de sistemas de Economía Política mercantil y agrícola. El uso del término Economía Política es entonces comúnmente empleado por Smith para hacer referencia a aquella práctica existente en su tiempo (vgr. Smith, 1976: 11; 372; 678; 748).

El impacto que la obra de Adam Smith sobre el concepto de Economía Política no es un efecto instantáneo que puede encontrarse consumado en la propia obra smithiana sino que resulta de un proceso de asimilación cultural, que se plasma primeramente en todas las repercusiones que esa obra tiene en las investigaciones filosóficas y científicas subsiguientes. Pero el esfuerzo de Smith radica en transformar la misión y el concepto de Economía Política hasta entonces existente al integrarlo en un proyecto filosófico. Smith será entonces el primer filósofo ilustrado que trate de reunir sistemáticamente en un campo general de conocimientos los conceptos que serían entendidos luego como conceptos económicos (Ekelund y Hebert, 2005: 106; Aspromourgos, 2013: 165).

3.1. Los límites de la noción de valor para regir el intercambio mercantil de una sociedad universal

¿A qué nos referimos cuando calificamos a Smith como un autor que procuró desarrollar filosóficamente las nociones y conceptos de la Economía Política de su tiempo, es decir de ese haz de doctrinas diversas (como las mercantilistas y fisiocráticas) que, apoyadas en nociones acerca del funcionamiento del intercambio mercantil, prescribían recetas a los soberanos de turno para fomentar la riqueza al interior de la nación? ¿Qué sello novedoso pudo imprimirle un filósofo moral dieciochesco y escocés a aquellas nociones económicas existentes?

Una primera respuesta a esa pregunta la hallamos en la misión smithiana de, en pos de evitar caer en la parcialidad de los sistemas de Economía Política fisiócrata y mercantil (expuestos por el autor en el libro IV de La Riqueza de las Naciones, elaborar un sistema de conceptos que expliquen las leyes del intercambio mercantil sobre la base de un principio fundamental: el principio de valor. Aquí es donde mostraremos en qué sentido es relevante el desarrollo de la homología que señaláramos entre la noción de valor y la noción de simpatía.

En los primeros capítulos de La Riqueza de las Naciones, al igual que en el comienzo de La Teoría de los Sentimientos Morales, Smith apela a la experiencia común. No cuando retrata las espectaculares ventajas y progresos que dimanan de la extensión del intercambio mercantil (resumidas en su noción de división del trabajo expuesta en los célebres capítulos iniciales) sino cuando, una vez montado el escenario definitivo de aquella extensión, en el que el hombre "se convierte" en un mercader y la sociedad "crece para convertirse" en una sociedad comercial (Smith, 1976: 37), debe explicar cuáles son las reglas "que los hombres naturalmente observan" al realizar sus intercambios (Smith, 1976: 44).

Destacamos el "naturalmente observan" de la frase de Adam Smith porque revela su intento de asociar la noción de valor con una experiencia de la vida común: aquella disposición por la que, en determinadas circunstancias, el hombre individual procura satisfacer sus fines con el menor esfuerzo posible, o de la manera que le signifique menos esfuerzo. En su rol de "mercader", el individuo llevará adelante esa conducta en su intercambio. Intentará ahorrarse lo máximo que pena "las penas y fatigas", en la procura de intercambiar el bien que ha producido por otro/s en los que reconozca aproximadamente un esfuerzo igual o mayor que al que a él le significó producirlo. Lo propio hará el otro hombre con quien intercambie.

The value of any commodity, therefore, to the person who possesses it, and who means not to use or consume it himself, but to exchange it for other commodities, is equal to the quantity of labour which it enables him to purchase or command. Labour, therefore, is the real measure of the exchangeable value of all commodities (Smith, 1976: 47).

Este principio de la vida práctica asociado al intercambio mercantil puede comprenderse más acabadamente si se piensa en una sociedad pequeña. Así como mostráramos que Adam Smith hizo mención a sociedades pequeñas en La Teoría de los Sentimientos Morales para ilustrar cuándo y cómo opera la simpatía como principio armonioso ordenador de la conducta, también realizó lo propio en La Riqueza de las Naciones al retratar la articulación del intercambio mercantil "in that early and rude state of society" (en una sociedad ruda y primitiva).

La alusión a esa sociedad simple es importante para entender en qué sentido rige ese intercambio tendencial de esfuerzos similares a través de la compra y venta. Pues en una sociedad simple de estas características, los esfuerzos destinados a producir cada uno de los bienes de intercambio están a la vista de todos, es decir, cualquier mercader, de un simple golpe de vista, puede asociar una determinada cantidad de esfuerzo a cada uno de esos bienes. En esas circunstancias, se puede deducir que, salvo en circunstancias extraordinarias, los oferentes de mercancías no podrán ofrecerlas en el mercado por más de lo que se sabe que usualmente valen (ni los demandantes demandarlas por menos). De ese modo, el valor se ungiría como principio rector de los intercambios.

In that early and rude state of society which precedes both the accumulation of stock and the appropriation of land, the proportion between the quantities of labour necessary for acquiring different objects seems to be the only circumstance which can afford any rule for exchanging them for one another. If among a nation of hunters, for example, it usually costs twice the labour to kill a beaver which it does to kill a deer, one beaver should naturally exchange for or be worth two deer. Ü_ is natural that what is usually the produce of two days' or two hours' labour, should be worth double of what is usually the produce of one day's or one hour's labour (Smith, 1976: 65, subrayado propio).

Aquella sociedad simple (y su noción simple de valor asociada) remedan a las observaciones realizadas por Tomás de Aquino en relación a los intercambios mercantiles en el medioevo, aunque con el esfuerzo de no apelar, como este autor, a explicaciones trascendentes o a reglas normativas de justicia a priori.

Utilizar el fraude para vender algo en más del precio justo es absolutamente un pecado, por cuanto se engaña al prójimo en perjuicio suyo....si el precio excede al valor de la cosa, o, por lo contrario, la cosa excede en valor al precio, desaparecerá la igualdad de justicia. Por tanto, vender una cosa más cara o comprarla más barata de lo que realmente vale es en sí injusto e ilícito (Aquino, 1990, 594).

Pero la noción smithiana de valor, que tenía la virtud de explicar cómo se rigen los intercambios mercantiles en sociedad simples, no pueden hacer lo mismo en una sociedad en la que las mallas del mercado han unido urbi et orbi a culturas completamente distintas entre sí. En definitiva, a una sociedad ecuménica cuyos alcances salen de la percepción de un hombre individual. En una sociedad de estas características, no la percepción de un hombre individual no abarca ni alcanza las reglas de conducta de culturas diversas (como se había comprobado en La Teoría de los Sentimientos Morales), sino que tampoco comprende (podemos percibir de un simple golpe de vista) el esfuerzo que han realizado un sinfín de trabajadores para que, al caer de la noche, pueda estar sentado y vestido comiendo pan sobre una mesa. Como le señala Smith al lector, la percepción alcanza a ver acaso una rama de todas las que contienen las grandes manufacturas, acaso una sola pequeña parte de la miríada de trabajadores que concurren a procurarle las comodidades de las que disfruta cualquier artesano o jornalero en un país civilizado y laborioso (Smith, 1976: 14; 22-23).

En ese escenario, aquella percepción del esfuerzo que representan los distintos bienes que un hombre podía tener en una sociedad pequeña se desvanece. A tal punto que se convierte para Smith en una "noción abstracta": en una sociedad ecuménica, nadie puede "ver" el valor de las mercancías, el esfuerzo que estas representan. Lo único que se puede "ver" es la relación de cambio entre mercancías o entre mercancías y dinero, y qué parte del precio va destinada a salarios, beneficios y renta, respectivamente; todo esos sí serán "objetos palpables".

Every commodity, besides, is more frequently exchanged for, and thereby compared with, other commodities than with labour. It is more natural, therefore, to estimate its exchangeable value by the quantity of some other commodity than by that of the labour which it can purchase. The greater part of people, too, understand better what is meant by a quantity of a particular commodity than by a quantity of labour. The one is a plain palpable object; the other an abstract notion, which, though it can be made sufficiently intelligible, is not altogether so natural and obvious (Smith, 1976: 49, subrayado propio).

But though labour be the real measure of the exchangeable value of all commodities, it is not that by which their value is commonly estimated. It is of difficult to ascertain the proportion between two different quantities of labour (Smith, 1976: 48, subrayado propio).

Como en el caso de la noción de simpatía en La Teoría de los Sentimientos Morales, la noción de valor pierde progresivamente peso en el transcurso de La Riqueza de las Naciones, al menos en el sentido que le quiso imprimir inicialmente cuando la retrató como noción de la vida práctica asociada a la representación de esfuerzos cuya vigencia podía explicarse en sociedades pequeñas.

Creemos que los resultados a los que nos condujo la exposición de la homología de la noción de simpatía con la noción de valor dejan planteados aspectos para que se enriquezcan las interpretaciones que ven en la ficción de la "sociedad ruda y primitiva" un mero anacronismo digno de olvido, que sostiene que la noción smithiana de valor no tiene un ápice de tientifitidad pues no es "comprobable" y, más en general, que interpretan que los conceptos de La Riqueza de las Naciones pueden comprenderse acabadamente sin explorar los problemas planteados por Smith en su proyecto filosófico completo.

4. Comentario sobre los cambios incluidos en la última edición de La Teoría de los Sentimientos Morales en 1790

La exposición de la noción de simpatía así como de otras nociones y campos conceptuales de la obra smithiana que realizaremos contemplarán una singularidad de su autor, que es la permanente reelaboración de su proyecto de investigación. Un flagrante testimonio de esta singularidad lo revelan las seis ediciones de La Teoría de los Sentimientos Morales (en los años 1759, 1761, 1767, 1774, 1781, 1790, respectivamente) y las cinco ediciones de La Riqueza de las Naciones (en los años 1776, 1778, 1784, 1786, 1789) que el propio Smith preparó. Con este panorama de las ediciones presente, La Teoría de los Sentimientos Morales no puede tomarse simplemente como un capítulo cronológico y teórico previo a La Riqueza de las Naciones, porque incluso el autor siguió incorporando modificaciones a la primera obra luego de haber escrito la segunda.6

El estudio y la comprensión de algunas de las modificaciones de la última edición de La Teoría de los Sentimientos Morales que escribiera Adam Smith pocos meses antes de su muerte y catorce años tras la primera publicación de La Riqueza de las Naciones, es para nosotros entonces no sólo motivo de curiosidad histórica sino a su vez una manera de comprender de manera más acabada su obra completa y, en particular, su proyecto de Economía Política.

Nos interesa en este sentido volver a centrar la atención en un aspecto que dejáramos planteado sobre el final del apartado 2, que indicáramos en una nota aclaratoria que correspondía a esta última edición de 1790: el hecho de que Smith ungiera a la Ética y a la Jurisprudencia como "las dos partes útiles de la Filosofía Moral". Ambas refieren a la elaboración de reglas prácticas de la moral: la Jurisprudencia, referida a las reglas de la virtud de la justicia; la Ética, referida a las reglas de las demás virtudes. Esta aseveración smithiana es coherente con el hecho de que en esa misma edición el autor agregara una parte completamente nueva (la parte VI) referida al carácter de la virtud, que es el objeto de la Ética, y que señalara en la advertencia final que quedaba vacante en la empresa filosófica de su vida la concreción del largamente acariciado proyecto de Jurisprudencia (Smith, 2002: 3-4).7

¿En qué sentido puede ligarse su investigación sobre la conducta de aquella naciente sociedad comercial realizada en La Riqueza de las Naciones con esos cambios mencionados en la última edición de La Teoría de los Sentimientos Morales? ¿De qué manera la respuesta a esta pregunta contribuye a comprender más acabadamente las limitaciones de la simpatía natural para ungirse como el principio de cohesión social que señaláramos en el apartado 2?

4.1. De La Riqueza de las Naciones a La Teoría de los Sentimientos Morales

Con la extensión del intercambio mercantil, señalaba, Smith en La Riqueza de las Naciones, el hombre se convierte en un mercader y la sociedad en una sociedad comercial. Su universalización es un proceso inexorable. Pues el comercio pone en contacto a hombres distintos y distantes y de hecho no puede desarrollarse plenamente mientras no alcance dimensiones cada vez más inalcanzables (esa circunstancia aparece retratada a lo largo de toda La Riqueza de las Naciones y primeramente en el tercer capítulo del Libro Primero, referido a "la extensión del mercado como un límite para el progreso de la división mercantil de trabajo"). Pero si bien sobran los motivos (y las citas en La Riqueza de las Naciones) para coronar a Smith como un entusiasta del progreso universal que traería aparejado el inevitable despliegue del comercio, también sobran motivos (y citas) para atestiguar sus temores a grandes retrocesos toda vez que esa sociedad comercial no estuviera "bien gobernada".

It is the great multiplication of the productions of all the different arts, in consequence of the division of labour, which occasions, in a well-governed society, that universal opulence which extends itself to the lowest ranks of the people (Smith, 2002: 22, subrayado propio).

La exhortación smithiana, que aparece entre paréntesis, acerca de la sociedad bien gobernada como premisa necesaria para la opulencia universal evoca (y a la vez contribuye a la recomprensión de) aquella frase de La Teoría de los Sentimientos Morales que mencionáramos en el apartado 2, en la que Smith arguyó que una sociedad de hombres sin afecto recíproco podría mantenerse y prosperar a través de un intercambio mercenario de buenos oficios según una evaluación consensuada (a mercenary exchange of good offices according to an agreed evaluation). Porque la investigación que Smith aborda en La Riqueza de las Naciones le ofrece novedosas lecciones sobre la moral de la sociedad comercial, sobre el comportamiento humano en un escenario en el que el hombre individual requiere de la permanente cooperación y asistencia de grandes multitudes al mismo tiempo que sólo entabla amistad con un número de personas que pocas veces sobrepasa el de los dedos de una mano. El requisito de una "sociedad bien gobernada" o una "evaluación consensuada" se refuerza cuando se advierte que el interés propio (o amor propio) es una conducta que se impone como condición para que el individuo realice exitosamente los intercambios de buenos oficios y se vincule de ese modo con aquellas grandes multitudes.

It is not from the benevolence of the butcher, the brewer, or the baker, that we expect our dinner, but from their regard to their own interest. We address ourselves, not to their humanity but to their self-love, and never talk to them of our own necessities but of their advantages (Smith, 2002: 26).

La conducta mercantil será una conducta a comprender y legislar. De allí que Smith preserve la definición de Economía Política como una rama de la Jurisprudencia encargada de brindarle consejos al soberano en torno a la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, lo que supone comprender no las causas del progreso en las facultades productivas del trabajo y cómo se distribuye naturalmente en las distintas clases del pueblo, sino también la naturaleza, acumulación y empleo del capital, los diferentes progresos de la riqueza en las distintas naciones, las debilidades de los sistemas mercantil y agrícola y las fuentes de los ingresos del soberano. Pero la pregunta acerca de los principios de cohesión social de una sociedad de mercaderes, o, dicho de otro modo, de cómo forjar un sistema práctico de moralidad en una sociedad de estas características, no puede ser satisfecha por la Economía Política hasta donde la formula Smith.

4.2. Acerca de la Ética smithiana. La reducción de la simpatía al ámbito nacional

La última edición de La Teoría de los Sentimientos Morales, en la que Smith trabajara luego de publicar y reeditar cuatro veces La Riqueza de las Naciones, apostaría entonces a proseguir en la elaboración de una respuesta al interrogante que resumiéramos en el párrafo antecedente: el hombre individual, en su rol de mercader, se relaciona de manera universal sobre la base del interés propio, ¿pero eso significa que ese es el único sentimiento que guía su conducta? ¿Hasta qué punto es extensible su interés por otros hombres individuales con los que no tiene ninguna relación de proximidad o afecto, que en la mayoría de los casos ni siquiera conoce? De allí la incorporación de una parte referida a una de las "dos partes más útiles de la Filosofía Moral": la Ética.

La noción de útil en este caso refiere al impacto que pueden tener las reglas elaboradas por la Ética (así como por la Jurisprudencia) en la conducta práctica de los individuos. Así lo señalaría Smith cuando distinguiera la investigación sobre la naturaleza de la virtud de la investigación sobre el principio de aprobación y señalara que la primera tiene influencia sobre "nuestras nociones del bien y del mal en numerosos casos particulares", mientras que la segunda "es de la mayor importancia para la especulación pero no para la práctica" (Smith, 2002: 372). También lo indicaría cuando describiera a la Ética como una ciencia que tenía la potencialidad de "inflamar el amor natural a la virtud e incrementar el aborrecimiento al vicio" (Smith, 2002: 388-389).

Las reglas de la Ética y las reglas de la Jurisprudencia, si bien ambas de efecto práctico, se diferencian en tanto en las primeras se atiende "más a la finalidad y al fundamento de la regla que a la regla misma". Es decir, el individuo cumple con las reglas éticas porque se ve identificado con el fundamento de estas y no, como en el caso de algunas reglas de la justicia, porque es obligatorio cumplir con ellas (y no hacerlo supone un castigo) (Smith, 2002: 203-204).

Smith señala entonces que las reglas de la justicia (elaboradas por la jurisprudencia) pueden ser comparadas con las de la gramática y las de las demás virtudes (elaboradas por la ética) con las que los críticos formulan en pos de obtener una redacción sublime y elegante. Las primeras son "precisas exactas e indispensables" y las segundas "flexibles, vagas e indeterminadas" que "nos presentan una idea general de la perfección que deberíamos alcanzar, sin ofrecernos consejos claros e infalibles para alcanzarla" (Smith, 2002: 205).

Pero si las reglas de la Ética no pueden imponerse como las de la justicia, ¿cómo es posible la formación de individuos virtuosos que se identifiquen con ellas? ¿Cómo inculcar en ellos la identificación con aquellas reglas, un sentido del deber? ¿Cómo lograr que se formen un espectador imparcial dotado de aquel sentido? Smith, que dedica parte del tiempo de la preparación de la edición de 1790 a reelaborar los capítulos de la Parte Tercera, referida al sentido del deber, encontrará en la educación parte de la respuesta a estas preguntas. No hay persona que, por medio de la disciplina, la educación y el ejemplo, pueda formar un respeto al fundamento de aquellas reglas. Esa formación lo conducirá a obrar en consecuencia con estas incluso cuando de su corazón no fluya el deseo de hacerlo. Con una educación virtuosa, el espectador imparcial prevalecerá por sobre el espectador propio.

The coarse clay of which the bulk of mankind are formed, cannot be wrought up to such perfection. There is scarce any man, however, who by discipline, education, and example, may not be so impressed with a regard to general rules, as to act upon almost every occasion with tolerable decency, and through the whole of his life to avoid any considerable degree of blame (Smith, 2002: 189, subrayado propio).

Identificarse y cumplir las reglas éticas supone, como dijéramos, hacer prevalecer el espectador imparcial sobre el espectador propio, es decir, no juzgar (se) y actuar movido por el interés propio del hombre individual sino por el interés de un grupo social más amplio que el de su reducido círculo cercano. En esta instancia es en la que Smith, como comentáramos en el capítulo 7, advierte las limitaciones de la simpatía natural, que sólo puede ser el fundamento de la cohesión social en una sociedad pequeña de afectos recíprocos. Y será en la Parte VI en la que esgrima las razones para erigir al Estado nacional como el "grupo social más amplio" de identificación del hombre individual sobre el que tiene influencia su buena o mala conducta. El Estado nacional sería el ámbito en el que se formen ciudadanos virtuosos que actúe conforme a las reglas de la perfecta prudencia, de la justicia estricta (formuladas por la Jurisprudencia) y de la correcta benevolencia.

The state or sovereignty in which we have been born and educated, and under the protection of which we continue to live, is, in ordinary cases, the greatest society upon whose happiness or misery, our good or bad conduct can have much influence. (Smith, 2002: 268, subrayado propio)

Ese grupo social es "el que más se aproxima a la esfera tanto de sus capacidades como de su entendimiento" (Smith, 2002: 270), el "más adecuado a la debilidad de sus poderes y la estrechez de su comprensión" (Smith, 2002: 279). La felicidad universal será empresa de dios y no del hombre. En definitiva, aquella misión de la Filosofía Moral de ofrecer un principio universal que diera cuenta de la cohesión social quedaría en manos de un ente externo a ella.

The administration of the great system of the universe, however, the care of the universal happiness of all rational and sensible beings, is the business of God and not of man. To man is allotted a much humbler department, but one much more suitable to the weakness of his powers, and to the narrowness of his comprehension; the care of his own happiness, of that of his family, his friends, his country (Smith, 2002: 279).

Resultados principales

En el presente trabajo nos propusimos exponer algunas similitudes que se presentan en el abordaje de dos de las nociones de la empresa de investigación de Adam Smith más destacadas: la noción de simpatía y la noción de valor. Si bien podrían entenderse como dos nociones que no tienen relación entre sí porque cada una de ellas pertenece a una "disciplina" diferente (la Filosofía Moral y la Economía Política), hemos procurado mostrar que en su exposición hay un elemento común. Específicamente, que ambas nociones pueden explicar los comportamientos de sociedad pequeñas pero que, tal como fueron formuladas por el autor, no logran dar cuenta de fenómenos propios de una sociedad compleja y ecuménica como aquella que asomaba en su época. Esa exposición nos permitió contribuir al estudio de las razones por las que Smith adopta los costos de producción como fundamento de los precios al final del capítulo VI de La Riqueza de las Naciones. Pero también nos permitió apostar a una mejor comprensión de la unidad de la obra de este autor, que no sabía de "disciplinas" sino que apelaba a la unidad filosófica de todos los campos del conocimiento humano; en particular, nos permitió darle un sentido de conjunto a los cambios que Smith realizara en 1790 a la última edición de La Teoría de los Sentimientos Morales, específicamente el abandono de la persecución de los fundamentos universales de la civilización y la circunscripción de ese interés para el ámbito del Estado Nacional.

Estos problemas no ocupan un rol estelar en la imagen que los economistas se forman de la obra de Adam Smith y, por lo tanto, tampoco están en el centro de la escena cuando quieren formular, mutatis mutandis, conceptos universales para comprender el presente histórico. Por eso, creemos, es importante volver a otorgarle un lugar destacado en el estudio y en la enseñanza de su obra.

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Notes

[1] La parte I se titula "Of the propriety of action" ("De la corrección de la conducta"). La sección I lleva por título "Of the sense of propriety" ("Del sentido de la corrección"). El primer capítulo tiene fue titulado "Of sympathy" ("De la simpatía").

[2] Al respecto del carácter sistemático y laico de la ciencia y la filosofía en la ilustración escocesa, ver Thomsom (1965, 223); Clark (1990, 832); Forman-Barzilai (2005, 192)).

[3] "We must view them [las pasiones de los otros, PP], neither from our own place nor yet from his, neither with our own eyes nor yet with his, but from the place and with the eyes of a third person, who has no particular connexion with either, and who judges with impartiality between us. Here, too, habit and experience have taught us to do this so easily and so readily, that we are scarce sensible that we do it" (Smith, 2002: 156-157, cursiva propia).

[4] Tanto Viner (1972, citado en Negishi (2014: 72)), como Griswold (1998: 58) y Forman-Barzilai (2005: 209) procuran expresar el problema de los límites de identificación social dimanados de la simpatía.

[5] "The two useful parts of moral philosophy, therefore, are Ethics and Jurisprudence" (Smith, 2002, 402). Esta cita la agrega en la edición de 1790. Volveremos sobre ella en el apartado 4.

[6] Al respecto, varios autores desafiaron la interpretación canónica de la literatura referida a Smith conocida como "Das Adam Smith Problem". Sus autores sostenían que en La Riqueza de las Naciones Smith se había esforzado por constituir una justificación económica para alentar el cultivo del interés propio (self-interest) y que esa justificación era incompatible con la disposición natural a la simpatía (sympathy) defendida en La Teoría de los Sentimientos Morales. El homo Economicus smithiano estaba destinado a confiar en su propio interés mientras que el hombre moral lo hacía en la benevolencia. Algunos filósofos e historiadores de la filosofía interpretaron al "Das Adam Smith Problem" como un síntoma del divorcio de la Economía Política de la Filosofía sucedido desde comienzos del siglo XIX (Raphael (2007: 115); Klaver (2003: 6)). Roncaglia (2006: 121), Brue y Grant (2009: 62) y Screpanti y Zamagni (2005: 77) alegan que las reediciones que se hicieron de La Teoría de los Sentimientos Morales tras la publicación de La Riqueza de las Naciones anulan la posibilidad de ese presunto problema. Para Cuevas (2009: 75) es un error sostener una concepción egoísta del hombre en la obra de Adam Smith. En su obra, en cambio, se encuentran testimonios de cómo el autor escocés sostenía que el comportamiento moral del hombre individual lo puede conducir a la renuncia de su propio interés en pos de un interés colectivo mayor.

[7] Smith, en una carta que le escribiera al editor de La Teoría de los Sentimientos Morales en 1789 (Smith, 1987: 286-287), describiría a esa nueva parte VI agregada como un "sistema práctico de moralidad". Sería también en esa parte agregada donde Smith distinguiría más explícita y enfáticamente cómo la simpatía natural opera, de manera general, en sociedades pequeñas de afectos recíprocos y, de manera parcial, en una sociedad donde no rigiera esa condición (como el caso de la sociedad comercial).



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